Es Domingo y toca barbacoa

El gusto (a veces desmedido) por comer, me viene por partida doble: De mi padre aprendí el comer prolijo y promiscuo. Igual me enseñó a apreciar los más sofisticados manjares del mundo que los más dudosos tacos en cualquier puesto callejero. Lo mismo, a embarrarme de manteca en un puesto de mercado pueblerino, que a apreciar el arte y la historia extranjeros del “Ham and Eggs”, grasientos y con su respectivo Hashed Brown y tiras de tocino a un lado.

Por partida de madre (por la partida de madre de mi madre, que se partía y se la partía) para darnos gusto en la mesa a sus hijos y a mi padre, mientras hacía malabares con 2 trabajos de fijo y con una partida de tiranos y latosos que eramos todos los de casa. Mi madre que con igual maestría y técnica aprendió desde el Pozole de mi abuela materna hasta las tortillas de harina de su propia madre. Desde el Roast Beef divino de mi tía Cecilia, hasta el pollo al curry, denso, especiado y picante de mi tía Emily. pfff! Ni qué decir de los nopales con huevo, del… de.. y … uf! ya les contaré.

Por ahora, se impone la barbacoa. Es domingo pués!